“El concepto desarrollo sostenible ha comenzado a impregnar de manera creciente todos los ámbitos de pensamiento y acción. En el fondo de este modelo de desarrollo subyace una nueva ética en los comportamientos de los seres humanos, en la que la responsabilidad individual y colectiva respecto del medioambiente y las personas que comparten sus recursos deben ser un valor fundamental.
El desarrollo sostenible exige que entre los ciudadanos de todos los países se establezca un sentimiento de pertenencia a la humanidad y al planeta; y ello no será posible sin la adquisición de unos conocimientos mínimos sobre nuestro medio ambiente y su forma de funcionamiento”.
· * Kramer, Fernando. Educación ambiental para el desarrollo sostenible, Los libros de la catarata, Madrid: 2003, p. 12.
“Los problemas ambientales no son simples problemas para los que uno puede encontrar simples respuestas de tipo blanco o negro. Los problemas ambientales no se deberían percibir como problemas de la naturaleza o entre los hombres y la naturaleza. Esta posición está profundamente arraigada en una ideología ligada a las posibilidades de ciencia y tecnología; de gestionar el planeta como si fuese una máquina y de la predicción de nuestro futuro común, promoviendo un tipo de educación ambiental que se puede denominar educación para la gestión y el control ambiental (Huckle, 1993).
Por el contrario, los problemas ambientales deberían ser vistos más bien como problemas sociales, determinados por conflictos de intereses, entre los seres humanos o grupos de seres humanos, en la utilización de recursos (Schnack, 1998). Siguiendo este camino, los problemas ambientales aparecen, al menos en tres niveles. En el nivel individual, el conflicto existe entre necesidades y deseos incompatibles, a menudo expresados como dilemas personales. En nivel social, se dan conflictos de intereses ente diferentes grupos y/o individuos. Y finalmente, los conflictos de intereses se pueden considerar en un nivel estructural de la sociedad, es decir, un conflicto ente decisiones políticas y tendencias de mercado, o mecanismos económicos”.
M * Morgensen, Finn. Mayer, Breiting, Varga. Educación para el desarrollo sostenible. Tendencias, divergencias y criterios de calidad, Editorial Graò, Primera edición, Barcelona: 2009, p. 26.
“A formal system of environmental education for sustainable development then, if based on the problematically conceptualized economic and political systems to which sustainable development adheres, simply works to reproduce these values, beliefs and systems in the wider populace. A formal system of environmental education for sustainable development, if focused on only one way of viewing nature and environment at the neglect of other conceptualizations, is inadequate and possibly counter to the national and local needs of a country. Therein lies the essential paradox: while education is indeed critical for sustainable development, it simultaneously could be educating people for unsustainability (Sterling, 1996)”.
Hi * Hill, Jennifer. Alan Terry and Wendy Woodland. Sustainable development: National Aspirations, local implementations. ASHGATE, Burlington, USA: 2006, p. 93.
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